11/23/2012

Entrevista a Steve McCurry "Tuve que elegir entre entregar mis carretes o mi vida en dos ocasiones"


El fotógrafo estadounidense Steve McCurry reconoce haber sentido miedo durante la toma de fotografías en conflictos bélicos. Con más de treinta años de experiencia profesional a sus espaldas, afirma que la clave del éxito es el trabajo duro, la planificación y el riesgo. Conocido en todo el mundo por sus múltiples portadas en la revista National Geographic, y en especial por la que protagonizó la niña afgana de grandes ojos verdes en 1985, proyectó y comentó ayer sus imágenes más célebres en el certamen Fotogenio de Mazarrón ante la atenta mirada de cientos de aficionados y profesionales de la fotografía que lo admiran.  Socio de la agencia Magnum, McCurry subrayó en su ponencia que, al hacer una foto, su prioridad no es ni la composición, ni la luz. Su prioridad es mostrar que estamos vivos en este mundo. 

-¿Cuál es la clave para que gente de otras culturas y que no conoce acepte ser fotografiada?
-La clave es el respeto e intentar que el fotografiado entienda tu trabajo. Así normalmente no he tenido problema. En algunos casos he tenido que pedir permiso, pero si alguien no quiere  no insisto. Es necesario tener una cierta sensibilidad a la hora de realizar tu trabajo.

-Ante los conflictos de guerra, ¿dónde está el límite entre ética e información? ¿Es necesario retratar la muerte?

-Cada situación es diferente. Básicamente se trata de que uno se ponga en el lugar del otro y ver lo que ocurre a tu alrededor. Luego a partir de ahí se valora la parte informativa que presenta cada foto, pero siempre desde el respeto. 

-¿Alguna vez ha tenido que elegir entre ayudar a alguien o hacer la foto?
-Hacer la foto (bromea). Nunca he estado en esa situación, pero pienso que es una cuestión de humanidad, por lo que si me viese en ese caso creo que tendería a ayudar a la persona.

-¿Se acostumbra a retratar situaciones tan difíciles como conflictos bélicos?
-Me encanta mi trabajo como hace treinta años, no es una cuestión de acostumbrarte. Busco las historias y me muevo dentro de ellas para mostrar el mensaje. No estoy pendiente de que sea una situación difícil o no, sino de encontrar el mensaje.

-¿Ha sentido muchas veces miedo buscando esas historias?
-Sí, muchas veces. Cuando la gente está disparando a tu alrededor o hay bombas es inevitable. A menudo te cuestionas si estás bien mentalmente o has perdido la cabeza.

-¿Ha tenido algún tipo de problema legal en alguno de los países en los que ha estado haciendo reportajes?
-Me han arrestado en 12 países y he estado dos veces en la cárcel en Pakistán. En dos ocasiones tuve que elegir entre entregar mis carretes o mi vida. Hay que tener cuidado, medir la capacidad de riesgo y pensar si el riesgo merece la pena o no.

-Su fotografía más popular de todos los tiempos es la de Sharbat Gula, la joven afgana que en 1985 retrató y que en 2002 buscó y fotografió de nuevo. ¿Qué sintió en el reencuentro?
 -La gran alegría de que siguiese viva en un país tan devastado. Cuando caminé hacia ella esperaba ver a esa niña de 12 años que fotografié y cuando la vi me impactó ver cómo había cambiado físicamente y en su gesto. Me alegro de haberle ayudado. Con la primera imagen reunimos un millón de dólares para ayudar a niñas afganas.

-¿Le pidió derechos de imagen?
Cuando la reencontré en 2002 llegué al acuerdo económico, con ella y con su marido, de que tuviese una compensación  por el uso de esas fotografías.

-Ser fotógrafo, además de una profesión, ¿considera que es una forma de estar en el mundo?
-Efectivamente. Tener una cámara te hace ser más curioso y estar más atento a todo lo que te rodea. 

-¿Algo que le haya conmocionado especialmente?
-En la India recuerdo que en los crematorios, donde queman los cuerpos de las personas que han fallecido, había algunos cuerpos que se los estaban comiendo los perros. Esto fue muy impactante para mí. 

-¿Qué proyectos tiene a corto y largo plazo?
-Trabajo en un libro sobre el budismo y en una semana vuelvo a la India para trabajar en un proyecto.

Tomado de La Razón

11/21/2012

Calabozo, Estado Guárico - Venezuela 2008 - Imágenes de Archivo

Durante este viaje hace 4 años, tuve la oportunidad de recibir una invitación del director del Museo de Calabozo, mi amigo Fidel Delgado, para dar una charla en el museo en compañía de mi amiga y colega Sonia Jaramillo. El evento fue coordinado por otro gran amigo y colega Hector Valera, fotógrafo de Calabozo, Estado Guárico. Fue una grata experiencia, asistió mucha gente interesada en la fotografía. Luego de este encuentro recibí invitación para participar en una exposición colectiva de arte en el museo y mi obra estuvo acompañada por la de grandes artistas Venezolanos. Como es imposible que vaya a ningún lugar sin cámara, en los dos días que estuve en Calabozo aproveche para caminar y capturar algunas imágenes.
Las fotos estaban descansando en mi archivo hasta hace pocos días que decidí hacer una selección y subir algo a mi web. Aquí las comparto con ustedes.

CALABOZO, ESTADO GUÁRICO - VENEZUELA - Images by Aaron Sosa

11/20/2012

Entrevista a Bruce Gilden - “A mí me importa la foto, no me importan las historias”

Si en 7.7 pusiéramos un titular a la entrevista, aquí arriba debería constar, en letras de molde, que Bruce Gilden dijo: “No me gusta el fotoperiodismo”. Bruce, además de ser un maestro de la fotografía callejera y una de las estrellas de la agencia Magnum, tiene una visión muy particular de cómo hacer fotos, por qué y para qué. Es muy ilustrativo verlo en acción: camina por la calle, ve un personaje, se le planta a medio metro, y tira una única foto, con flash. Interacción cero, con grandes resultados y un montón de detractores y de admiradores de su método. Bruce es así: un hombre con vocación de polemista con un estilo único para hacer fotoperiodismo, eso de lo que reniega.

¿Qué piensas sobre nuestro lema, “No nos importan las fotografías, sino las historias”?
Para mí, es una pregunta difícil de responder, porque no me gusta el fotoperiodismo. Empecemos por ahí. Además, a mí me importa la foto, no me importan las historias. No, bueno, me importan las historias, pero lo que yo quiero es que cuando veas mis fotos como espectador, las fotos te lleven a inventar pequeñas historias, porque yo creo que mis fotos son más fuertes que el fotoperiodismo. Cuando con una foto inventas tus propias historias, y éstas funcionan, entonces las fotos hablan de la vida.

¿Por qué no te gusta el fotoperiodismo?
Porque es demasiado literal. Y tampoco creo que el fotoperiodismo cambie nada. Todavía tenemos guerras, todavía tenemos todas esas cosas, así que… Como dijo Cartier-Bresson, uno de los fundadores de nuestra agencia: “Los hechos en sí mismos no son interesantes, sino la mirada subjetiva de esos hechos”. Estoy parafraseando, pero es lo que quiso decir. Estoy de acuerdo en que el punto de vista del artista o del fotógrafo es importante. Tiene más sentido que ver a un chico morir en África... Eso no me importa en lo más mínimo: para ser franco, no me interesa. Estamos totalmente invadidos por imágenes así, y cuantas más imágenes vemos de chicos muriéndose o hambrientos, más daño se hace a la causa, porque la gente empieza a darle la espalda y pierde el interés.

Con tu proyecto sobre expropiaciones sí has hecho fotoperiodismo.
Es el único proyecto fotoperiodístico que hice. Y lo hice porque Magnum les daba dinero a fotógrafos que tuvieran proyectos para hacer en Estados Unidos. Así que empezó como un proyecto de dos semanas auspiciado por Magnum. Pero en un momento de lucidez, pensé: ¿qué puedo hacer en dos semanas? Iba a hacer un trabajo sobre las diferentes poblaciones minoritarias de Florida. Soy judío, así que pensé en trabajar sobre los americanos judíos, gente de color, cubanos y asiáticos, pero me di cuenta de que no me gusta ir a hablar con la gente y que tendría que hacer contactos para poder ir, y no podría hacerlo en dos semanas, y probablemente me aburriría… entonces empecé a fotografiar en la calle.

Pero hiciste mucho más que fotografiar en las calles.
Entrevisté a mucha gente en Florida sobre qué opinaban sobre las expropiaciones, y fotografié muchas casas. Así que me interesé mucho en el tema, invertí mi propio dinero y me fui a Detroit por dos semanas y media para continuar con esto, y luego a California. Es decir, ha sido un trabajo de estilo fotoperiodístico. Pero también soy lo suficientemente inteligente como para saber que nada va a cambiar: la gente que tiene dinero lo va a seguir teniendo, los de Wall Street van a seguir arruinando a los de abajo. Uso mis propios medios para decir lo que quiero decir, pero sigo teniendo la lucidez necesaria como para saber que nada va a cambiar: puedes mostrar todos los niños hambrientos que quieras, pero nada va a cambiar.

¿Entonces por qué has hecho fotografía documental?
Porque tengo ganas de hacerlo, por eso hago las cosas. No tengo que pedirle permiso a nadie y no tengo que complacer a nadie. Lo hago porque quiero hacerlo.

Has estado muchos años haciendo fotografía en las calles de tu ciudad… ¿cuántos? ¿25 años?
No, 40. Bueno, no en las calles de Nueva York, pero sí trabajando en la ciudad. En las calles, 29.

Vale, hace 29 años que estás trabajando haciendo fotografía callejera en tu ciudad. ¿Por qué lo sigues haciendo, después de tanto tiempo? ¿Qué es lo nuevo que puedes sacar? ¿No te aburres?
Sí, ella se aburre, parece aburrida… [NdE: se refiere a una de las entrevistadoras] (Risas). No, tienes razón, seré honesto contigo: es por eso que quiero viajar más.

Entonces, ¿por qué sigues haciéndolo?
Para mantenerme en forma. Para estar listo para el momento clave. Pero tienes razón, estoy aburrido, es verdad. No puedo negarlo, tengo que ser honesto.

Tienes una técnica fotográfica muy particular en tus trabajos. ¿Qué quieres mostrar de Nueva York y de la gente que fotografías en la calle a través de esa técnica?
La gente que ves en mis fotos son símbolos de lo que veo. No es “esa” persona, es “una” persona o un tipo de persona. Y para mí, eso muestra visualmente mis sentimientos con respecto a la ciudad, muestra las calles, la ansiedad, la energía y la velocidad. Además, creo que mis fotos hablan de los problemas de la sociedad: de los efectos que tiene en la gente el hecho de vivir en sociedad. Y… mira, no creo que el mundo sea un gran lugar… No es un lugar horrible, es sólo que… ya sabes, hay cosas que deberían cambiar.

El mundo es mucho más terrible en África que en Estados Unidos.
No sé, nunca estuve en África (risas).

Si quieres mostrar cuán duro es el mundo, ¿por qué no vas a fotografiar a esos lugares? Imagino que alguien que trabaja para la agencia Magnum tiene la posibilidad de escoger dónde trabajar.
Sería demasiado obvio. Leí un libro de 900 páginas sobre África, sobre quién jode a los africanos. Y no somos sólo nosotros, es también su propia gente. Hice un libro en Haití, ¿sí? Les damos dinero, el mundo le da dinero a Haití, y luego… La primera vez que puse un pie en ese país, dije: “¿A dónde fue todo ese dinero?”. Pero eso también comienza en occidente. Me interesa más occidente, el mundo civilizado.

¿Has salido a fotografiar en Haití de la misma manera que lo haces en Nueva York?
Sí, no cambio nada. Lo único que cambia es el lugar.

Es algo importante.
Sí, pero sigue siendo la misma visión del mundo. Si miras a través de mis libros, verás que es una visión bastante consistente. Busco el lado oscuro, no el lado iluminado. Porque estoy fotografiándome a mí mismo. Así que no importa dónde me tires, tendrás una visión similar. Algunas fotos serán más fuertes, otras menos fuertes. También tienes que entender que… bueno, no tienes que entender, pero fotografiar en lugares como Haití o África o lo que sea es mucho más fácil que hacerlo en Nueva York. Nueva York tiene muchas complicaciones: la velocidad, el sonido… pero si vas a África, es como si estuvieras tomándotela con ellos, están indefensos. Jamás he tenido ni una pelea en Haití en nueve meses de viajes. Puedo hacer lo que quiera. Soy como el americano feo. Intenta hacer lo que quieras en Nueva York, o en cualquier lugar de occidente, y verás…

Vale, entonces aquí viene la pregunta acerca de la ética en tu forma de trabajar…
No tengo que disculparme con nadie acerca de mi forma de trabajar.

No estamos pidiendo ninguna disculpa…
Estoy haciendo algo que creo que es positivo. Estoy haciendo buenas fotos, así que no me importa lo que los demás piensen. No me preocupa. No necesito responder a esa pregunta. Pienso que a veces la gente con ese punto de vista… Siempre uso este ejemplo: vi a un tío en Coney Island al que le faltaba parte de la barbilla y le hice una foto, y sé que la mayoría de los que vean esta foto dirán: “Por dios, ¿cómo te acercaste a una persona así y le tomaste una foto?”.

Pero lo cierto es que hablé con él durante 15 minutos, estaba sentado con dos mujeres y le dije: “¿Puedo tomar una foto de tu rostro desde cerca?”. Él dijo: “Claro”. Pienso que proyectamos lo que creemos que está mal. Puede que la persona no piense como yo pienso, o que yo no piense como él, quizás él se siente amenazado por mí, o yo por él, o lo que sea. Y la forma en que uno se siente con respecto a la vida es lo que proyecta, pero no todos piensan de la misma manera. La mayoría de la gente que he fotografiado se siente bastante cómoda. Considerando todas las fotos que he tomado en mi vida, las personas que se han enojado son un porcentaje muy, muy pequeño. Pero es interesante, porque con una filmadora o una gran cámara, no se siente una amenaza tan fuerte como con una cámara pequeña, que suele ser vista como un instrumento de espionaje. Así que si soy invasivo y digo “estoy en tu cara”, algunos piensan que estoy tan cerca que no los estoy fotografiando a ellos. No les importa porque, al menos, estoy ahí. No estoy espiando.

Mi pregunta, en realidad, era por qué usas esa técnica cuando te relacionas con la gente y tomas fotos tan de cerca…
Vale. La cuestión no es cuán cerca estás, es cómo usas lo que tienes. Asumes que yo molesto a la gente, pero no creo que lo haga. Además, conozco a un montón de fotógrafos de guerra y a un montón de fotógrafos “humanitarios”, y son los peores seres humanos del mundo. Son los más egoístas, egocéntricos… créeme.

¿Más que tú? (risas)
Tengo mi ego, pero me parece que lo tengo controlado. Quiero decir: si vas a hacerme preguntas que yo pienso que van en la vía equivocada, voy a responderte. Tú me haces preguntas, vas en una dirección y yo no creo en esa dirección. Simple. Así que te respondo: para hacer buenas fotos, tienes que tener ego.

No queríamos criticarte de ninguna manera…
No, está bien. Es sólo que estoy cansado, es mi cuarta entrevista hoy, he trabajado todo el día, tengo jet lag, estoy cogiendo un resfriado… ya sabes, estoy cansado. Y cuando aprietas ciertos botones… pero está todo bien, no me estoy volviendo loco, sólo estoy cansado.

Al elegir esta técnica (el flash, los primeros planos), ¿qué intentas conseguir, cuál es tu objetivo?
Esa es mi visión. Quiero sacar el alma de algo. Quizás quiero volver a mi padre, o lo que sea (risas).

¿Sientes una afinidad hacia las personas que fotografías?
Por supuesto, me caen bien.

Probablemente, es diferente en Haití y en Nueva York…
Es diferente, pero me caen bien los haitianos que he fotografiado, también. Si no me gustaran, no lo haría. Fotografío donde me siento cómodo. Por ejemplo, en Japón, donde fotografié a los Yakuza (mafia japonesa), ellos me trataron muy bien. Por supuesto, tuve peleas una que otra vez, porque siempre hay alguien a quien no le gusta lo que haces, pero suelo tener un buen trato. No busco sacar la mierda de nadie. Si vas a Haití –donde no he estado desde hace 14 años-, y vas a la zona donde trabajé, que es la zona más pobre de Haití, verás que me adoran. Y yo los quiero a ellos. Tuvimos una gran relación. ¿Te parece que yo podría estar aquí sentado, a los 63 años, con mi cara intacta, trabajando de la manera en que trabajo, si no hiciera sentir cómoda a la gente, si ellos no estuvieran cómodos conmigo?

Probablemente, no.
Soy muy espabilado, leal cuando debo serlo. Soy muy amable, muy honesto, pero sé… Soy muy intuitivo. Tengo que juzgar si una situación es peligrosa, tengo que analizar si estoy caminando por una calle y tengo que irme si veo que veinte tíos van a asaltarme. Todavía me sorprende que, en Haití, he estado por ahí a las 5 de la mañana, en la oscuridad, en el área más pobre… cualquier podría haberme dado en la cabeza, o robado mi dinero o mi cámara, pero siempre me he sentido cómodo. Y no puedo hacer eso en el Bronx, en Nueva York. Ya sabes, siempre tienes que echar un vistazo a cada lado. De eso se trata. No importa si eres un fotógrafo de guerra, un fotógrafo humanitario… no importa quién seas, siempre debes ser lo suficientemente inteligente como para mirar a ambos lados. Los que son lo suficientemente inteligentes, continúan trabajando, y los otros reciben un golpe en la cabeza o terminan muertos. Es simple. Y me siento afortunado. No soy un mártir. Solo hago lo que hago.

Has dicho que con la forma en que trabajas en la calle, intentas captar el alma de la gente. ¿Cuál es la diferencia entre trabajar en la calle y hacer retratos convencionales en un estudio?
Lo encontraría más artificial. He trabajado en estudio, he hecho anuncios para Nike, como “Team USA” o “Team China”, acabo de terminar uno para Diesel, he trabajado para Laverne James…

¿Y crees que la esencia del sujeto al que fotografías en el estudio es más artificial que la esencia del que está en la calle?
Es diferente: uno es más comercial, y el otro no lo es. Cuando trabajo en estudio, tengo que fotografiar al sujeto, quiera o no. Hago mucha fotografía de moda, y está bien, pero para mí no es lo mismo que trabajar en las calles. Mucha gente me ha dicho: “Me encanta ‘The American West’ de Richard Avedon”. A mí no me gustan esas fotos. El libro es hermoso, es decir, está muy bien impreso, la técnica es preciosa pero, para mí, es todo bastante artificial. Porque estás sacando a alguien de su ambiente y lo estás metiendo en un estudio o con un fondo de papel blanco. Para mí, aunque trabajo muy cerca del sujeto, el fondo es muy importante en mis fotos. Pueden hacer o estropear una foto. Así que si tienes suerte –y cuanto más trabajas, más suerte tienes-, todo se une. Cuando no estás de suerte, justo se te cruza alguien que te arruina la foto, y tú ni siquiera lo habías visto.

Creo que una buena foto tiene que tener un buen y emotivo contenido, y una buena forma. Si metes a alguien en un estudio, es artificial. Habiendo dicho esto, debo decir que he visto fantásticas fotos de estudio; Avedon, etc., han hecho un gran trabajo. Pero no es lo que yo quiero hacer. No es quien soy. Me gusta caminar por la calle, girar en la esquina y no saber qué voy a ver. Me gusta ver a alguien a quien quiero fotografiar. Pero ¿sabes cuánto tiempo tienes que pasarte en la calle para cruzarte con cosas que te resulten interesantes? No sucede muy a menudo.

Esa fue nuestra última pregunta, Bruce. Muchas gracias por la entrevista.
Gracias a vosotros. Y para terminar, quisiera decirte que si tú crees en lo que crees –y sé que crees en lo que crees-, sé que viene de un buen lugar. No son preguntas tontas, y sabes que son buenas preguntas. Así que respeto eso, porque no quisiera que cambies por mí, ni yo voy a cambiar por ti (risas).

Vale.
No, en serio, estoy bien, sólo estoy cansado. Me alegro de que la entrevista haya terminado, porque ya no me queda voz (risas). Y lo único que me asusta es quedarme sin voz. No porque tenga que hablar, sino porque tuve una traqueotomía cuando tenía 5 años, e inconscientemente me vuelvo un poco loco.


Por Alejandra Cukar y Edu Ponces

11/19/2012

Opening de la Exposición de Fotografía "Photo OutColor" de Blipoint - Agrupació Fotográfica de Catalunya, España.

Gracias a todos los que asistieron al inauguración de la exposición de fotografía Photo OutColor, que fue celebrada este viernes 16 de noviembre en la Agrupació Fotográfica de Catalunya, podrán visitarla hasta el 23 de este mes.



























PARTICIPANTES:
Aikaterini Filippakopoulou (España)
Francisco Litran (España)
Carlo Silva (Italia)
Stefano Decarli (Italia)
Federica Riccardi (Italia)
Annabella Pascale (Italia)
Ledesma Cubel (España)
Alizé Chauvet (Francia)
Giulia Maffioli (Italia)
Marco Rizzo (Italia)
Jose Valdeolivas (España)
Carlotta Mega (Italia)
Miguel Gil (España)
Sabrina Albiero (Francia)
Mircea Marinescu (Rumania)
Alejandra Stein (España)
Michele Ferrara (Italia)
Fayçal Said-Bourgeois (Francia)

INVITADOS
José Antonio Andrés Ferriz (España)
Aaron Sosa (Panamá  - Venezuela)
Michele Santamaria (Panamá - Venezuela)
Frederic Sagues (España)

Fuente: www.blipoint.com

11/17/2012

Entrevista a James Nachtwey

Esta entrevista se la hicieron a James Nachtwey después de ganar el World Press Photo en el 1993 por su trabajo sobre el hambre en Somalia.

¿Por qué decidió ir a Somalia?

En los últimos años, había estado siguiendo de cerca la situación en Somalia, y la magnitud del desastre hizo que sintiera la necesidad de contribuir de alguna manera. Lo primero que se me ocurrió fue enviar dinero a varias organizaciones de ayuda activas en la región, pero después de pensarlo un tiempo me pareció que era una solución demasiado impersonal. Así que me decidí a ir a Somalia y ejercer mi trabajo como fotógrafo. No conseguí que me asignaran un trabajo ni apoyo económico, pero decidí irme de todas formas.

¿Estaba emocionalmente preparado para lo que iba a encontrar allí?

No creo que nada hubiese podido prepararme para enfrentarme a lo que vi. Y todo ello, a pesar de no ser la primera vez que fotografiaba pueblos hambrientos, cosa que ya había hecho en Sudán y Etiopía.

Pero nunca había visto una situación tan dramática como ésta. La mayoría de la gente de Etiopía vivía en campamentos, donde recibían una alimentación y atención constante y continua. En Somalia, la situación todavía no había llegado a esa etapa. Aún llegaban personas del interior del país sin saber todavía dónde daban comida y mucho de los alimentos no llegaban a su destino debido a los saqueadores. La situación era mucho más caótica y las necesidades mucho mayores de lo que había visto hasta el momento.

¿Cómo reaccionan estas personas ante la cámara?

En realidad no reaccionan. Tienen tantas preocupaciones tan urgentes que la mayoría de cosas de su alrededor les pasan inadvertidas. Es una de las consecuencias de la malnutrición. Probablemente pensarían que formaba parte de las organizaciones de ayuda que trabajaban allí. Y en parte tenían razón porque me sentía parte de este esfuerzo. Después de todo, la razón de mi viaje era concienciar a la gente para animarla a ayudar a esta gente. No puedo imaginar otra razón para hacer este reportaje. Además, hace que la ayuda llegue de una forma más inmediata. A Baidoa seguían llegando personas que no sabían dónde estaban los centros de distribución de comida. Algunos estaban tan débiles que ni siquiera eran capaces de mantenerse en pie para ir a buscarlos. Cada vez que me encontraba a alguien en esta situación, las llevaba en mi coche. Si los hubiese abandonado, probablemente habrían muerto. No hay nada que te haga sentir más impotente que ver a alguien morir a tu lado.

¿Cuánto tiempo estuvo en Somalia?

Estuve en dos ocasiones: La primera vez estuve diez días en Baidoa y la segunda cinco días en Bardera. Las condiciones eran extremadamente malas en ambas localidades.

¿Qué le llevó a volver al país?

El segundo viaje lo hice trabajando para el periódico francés Libération, que habían visto las fotos del primer viaje. Pero para ser sincero, una parte agoísta dentro de mí no quería volver. Aún estaba asustado y muy cansado por todo lo que había vivido. A pesar de ello, nunca hubiese rechazado la oportunidad de volver, me sentía obligado a hacerlo.

¿Se hace una idea de la repercusión que puede haber tenido su trabajo?

Sería imposible de calcular. Pero siempre sucede con el trabajo de la prensa en general. Por supuesto, me gustaría que mi trabajo tuviera un impacto en la opinión pública, cualquiera que fuese el tema que tratara. Pero es imposible saber en qué medida mi trabajo afecta a la gente. Se podía decir que tengo una especie de creencia metafísica en el efecto de los medios de comunicación de masas. Estoy seguro de que la gente responde a esos estímulos. Creo que la prensa en general (y no sólo me refiero a la fotografía) contribuyó a la mejora de las condiciones en Somalia, sobre todo en el envío de ayuda. Lo malo fue que cuando llegó esta ayuda, la catástrofe ya era irremediable.  Me hubiera gustado ir antes pero otros compromisos no me lo permitieron.

¿Por qué no se ven en sus fotografías los aspectos más políticos de la situación, como el saqueo de alimentos?

Estuve en Somalia muy poco tiempo. Fui con la intención de fotografiar el hambre y me concentré en eso. No tenía la intención. No quería ejercer de reportero, sino motivar a la gente a ayudar a esta gente.

¿Por qué las hizo en blanco y negro?

Me pareció que así podría plasmar mejor el impacto emocional de la situación, que ayudaría a fortalecer el mensaje. La historia era sumamente sencilla, casi brutal en su simplicidad.

¿Le gustaría añadir algo más?

Me gustaría felicitar y agradecer por su trabajo a las organizaciones y personas que se esfuerzan en ayudar a Somalia, especialmente a la Cruz Roja Internacional, que me ofreció hospitalidad y apoyo. si no hubiese sido por su ayuda, quizás no hubiese sido posible conseguir estos resultados. Fue un esfuerzo compartido pero la tarea aún no ha terminado. La reconstrucción de Somalia será un largo y complicado proceso.

Fuente: Siéntate y Observa

11/16/2012

eBook del Libro PHOTO OUTCOLOR de Blipoint / GRATIS - FREE

Hoy (16 Nov. 19.30h) se inaugura la exposición de fotografía Photo Outcolor de Blipoint en los espacios de la Agrupación Fotográfica de Cataluña, Barcelona - España. Se hará la presentación en físico del Libro "Photo OutColor" que contiene las imágenes de los ganadores del 2º premio. Ya tenemos en libro disponible en formato eBook, si tienes un dispositivo iOS solo sigue el link y descargalo de forma gratuita. 

También pueden comprarlo impreso en el siguiente link

Esperamos que los disfruten.



11/14/2012

Algunos disparos en 6X6 (formato medio) - Imágenes de archivo

Siempre he pensado que una de las cosas mas complicadas que debe hacer un fotógrafo es llevar un archivo organizado. En mi caso, desde que me inicié en la fotografía siempre me preocupé por la organización de mi archivo. En Venezuela tengo bien resguardado el archivo de negativos, casi dos docenas de carpetas las cuales contienen cien porta negativos Print File cada una. Las capetas separan el material dependiendo del tipo de soporte, por ejemplo: No mezclar nunca, negativo B/N, negativo color y transparencias. Saber un poco de conservación de archivos fotográficos también es importante. Resguardar el material en la oscuridad, con deshumificadores, en porta negativos y sobres libres de ácido, etc.

Todo está clasificado cronológicamente, siempre me preocupó el poder ubicar rápidamente un negativo que me interese. El desorden muchas veces comienza por no tener el tiempo suficiente para archivar el material. Pero créanme, que mas tiempo perderán intentando buscar en su archivo una imagen que necesiten.

Decidí dejar mi archivo resguardado en Venezuela ya que tengo conmigo en disco duros  las imágenes en digital. Eso es otra cosa que lleva bastante tiempo, digitalizar los negativos que nos interesan. Hoy por hoy, las cámaras digitales me han ahorrado ademas de dinero, espacio, peso y bastante trabajo de revelado, archivo, digitalización y clasificación de negativos. Pero no por eso voy a olvidarme de mis disparos análogos. Varios de mis trabajos importantes como Venezuela Cotidiana, CARAcas, Niños de Porai - Homenaje a Mariano Díaz, Ciudada, Holgeando, To Jest Kod - PoloniaAmbiguedades Parisinas, Caminante Habana, entre otros. Son realizados con película pancromática.

Dándole un vistazo al archivo me encontré con imágenes realizadas con mi Yashica Mat 124 G, una cámara de formato medio 6X6 de doble objetivo (Twins Lens).

He decidido desempolvar esas imágenes que nunca he usado para compartirlas con ustedes. Les dejo una breve selección.

A.S.

Centro Comercial San Ignacio - Caracas - Venezuela 2004

Chacao, Caracas - Venezuela 2004

Centro Comercial San Ignacio - Caracas - Venezuela 2004

Los Dos Caminos, Caracas - Venezuela 2004

Las Turas de Moroturo, Estado Lara - Venezuela 2004

José López "El Ché Bolivariano" - Caracas - Venezuela 2004

"El Caiman de Sanare" Sanare, Estado Lara - Venezuela 2004

Yai, Estado Lara - Venezuela 2004

11/13/2012

La clave de una fotografía, por Ansel Adams (subtítulos en español)

Indagando en la web me encontré con esta joya. El propio Ansel Adams hablándonos sobre la clave para una buena fotografía.

Ansel Easton Adams (nace el 20 de febrero de 1902 - muere el 22 de abril de 1984) fotógrafo estadounidense, nacido en San Francisco, desarrollador del sistema de zonas.

Conocido por sus fotografías en blanco y negro de paisajes del parque nacional Yosemite en Estados Unidos (entre otros paisajes) y como autor de numerosos libros sobre fotografía como su trilogía de manuales de instrucción técnica (La Cámara, El Negativo y La Copia). Fundó la asociación fotográfica Grupo f/64 junto con otros maestros como Edward Weston, Willard Van Dyke, Imogen Cunningham y otros.

Su sistema de zonas es una demostración de cómo la cámara o el fotómetro (o exposímetro) de la misma mide el gris medio de 18% de reflectancia como zona media. El fotógrafo debe aumentar la exposición (o disminuirla) dependiendo de cuántos pasos de gris quiera fijar como punto de medición. El fotómetro de cualquier cámara, incluso digital, siempre "quiere" ver la zona medida como un gris medio.

"Espero ansioso nuevos procesos y nuevos desarrollos. Creo que la imagen electrónica será el próximo gran avance. Estos sistemas tendrán características estructurales ineludibles, y tanto los artistas como los técnicos deberán hacer un renovado esfuerzo para comprenderlos y controlarlos".

Ansel Adams.

11/12/2012

Entrevista a Chien-Chi Chang

“Cada fotógrafo nuevo que entra a Magnum debe sumar algo a la agencia. No queremos otro fotógrafo que sea sólo otro fotógrafo.”

Chien-Chi Chang entra en la categoría de fotógrafo tímido. Es un Magnum, pero se pone incómodo en las conferencias, se ríe, es capaz de contestar tonterías a preguntas serias y necesita varias copas de vino blanco para enfrentarse a un periodista. Sí, Chien-Chi Chang es tímido. Lo bueno es que no necesita ni dar conferencias ni hacer entrevistas: sus fotos son más que suficientes para obviar las palabras. Hay que verlas: Chien-Chi Chang fotografía con amabilidad, respeto y compasión. Con timidez, quizás. Y le da resultado. Hay sinergia entre él y los sujetos –las parejas por conveniencia, los enfermos mentales encadenados, los miembros de la mafia china-, porque le fascinan las relaciones humanas y sabe cómo retratarlas, siempre en esa delgada línea que bordea el documentalismo, el fotoperiodismo y el arte.

Chien-Chi Chang © Anna Lisa Kiesel

¿Cómo definirías tu trabajo? ¿Es periodístico o artístico?
No me gusta ponerle etiquetas a mis trabajos. Es como vino tinto o vino blanco: es vino. En la oscuridad, todos los vinos saben igual. Creo que es importante explorar diferentes vías de expresión, usando la fotografía como lenguaje.

Vamos a simplificar la pregunta: ¿por qué fotografías? ¿cuál es la función de tu fotografía?
Mantener a mi esposa (risas).

¿Cómo es tu relación con el fotoperiodismo?
Empecé trabajando para el periódico de la universidad, y luego trabajé para el Seattle Times y para el Baltimore Sun, en Estados Unidos. Fue un acercamiento al fotoperiodismo duro. Pero nunca me resultó suficiente. No soy del tipo de fotógrafo que puede salir, hacer dos o tres encargos rápidos, volver y publicarlos. No es algo con lo que me sienta cómodo, aunque la verdad es que fue un buen entrenamiento.

Incluso cuando trabajaba para periódicos, ya estaba buscando mis propios proyectos. Y fue uno de esos proyectos personales lo que presenté a Magnum en 1995. De alguna manera, mi fotografía siempre se movió en esa línea borrosa que separa el fotoperiodismo y la fotografía documental, y quizás un poco a la fotografía artística. Pero está siempre en esa línea borrosa.

Me refiero específicamente a tu trabajo en Chinatown: tu trabajo es de crítica social. ¿Eso es parte de la intención de tu proyecto?
No es cuestión de ser crítico. Estar en Chinatown es una experiencia que siempre quise tener. Entre 1996 y 1998, fue publicado tres veces. El problema con las publicaciones es que tienden a tener un foco, una agenda, y hasta cierto punto me puedo ocupar de eso, pero tengo una obligación para conmigo. Por eso he estado fotografiando Chinatown durante tanto tiempo.

¿Cómo empezó ese proyecto?
Al principio, sólo fotografiaba inmigrantes en Chinatown. Pero la forma en que lo hice –que es como lo sigo haciendo- tiene que ver con estar, con pasar tiempo, con la gente que fotografío. Para mí, tiene sentido hacerlo de esa manera porque es la única manera en que puedo acercarme a ellos. Y ellos sienten curiosidad sobre quién soy yo, también. Luego obtuve una pequeña beca, gracias a Dios, y la usé para volver a China, de donde ellos vienen. De hecho, contacté con un hombre en Nueva York y con su esposa en el sur de China… Y he estado con al menos 20 familias. Muchos de los hombres no habían visto a sus esposas por 20 años, pero yo las he visto varias veces (risas). Vale, ver, pero no tocar (más risas).

Decías que tienes una motivación personal en tus trabajos. Esa necesidad, ¿tiene que ver con una necesidad personal, o con una necesidad de mostrar una realidad, en el sentido periodístico?
Lo siento, todo es personal. Depende de cómo lo veas, pero…

¿La comunicación no es importante?
Es importante, pero siempre trato de hacerlo de una forma personal. Eso es todo.

Los temas que tocas en “Chinatown”, “I do, I do, I do”, y “The Chain” no son comunes. Son temas controversiales. ¿Por qué los elegiste?
Parte de mí está aún intentando responder a esa pregunta. Siempre me he sentido atraído por ese tipo de temas. En parte, tiene que ver con mis experiencias personales, mi familia, etc. Pero me parece que es más que eso, y todavía no tengo una respuesta. También por eso me siento más motivado a seguir buscando respuestas en otros proyectos.

¿Cómo es trabajar para Magmun?
En realidad, no trabajo para Magnum.

¿Entonces, cuál es tu relación con la agencia?
Magnum debería trabajar para mí (risas). No quiero sonar pretencioso porque es una agencia que pertenece a los fotógrafos, así que los fotógrafos son, de hecho, sus dueños. La agencia, para funcionar, todavía necesita un staff que se ocupe de las diferentes cosas, en cada departamento. Volviendo a tu pregunta… soy libre, pero no tan libre como creo.

¿Por qué no?
Bueno, puedes preguntárselo a mi esposa (risas). Soy libre porque puedo decir no. Si hay algo con lo que no me siento cómodo, digo que no. A veces, puede incluso ser por razones morales. Por ejemplo, creo que no podría hacer un trabajo para el Ejército de EEUU o algo así. No siento que sea para mí.

¿Te han pedido que hicieras eso?
No, pero estuvo cerca.

¿Qué te pidieron?
Que hiciera un anuncio o algo así. Los fotógrafos somos los dueños de Magnum, por lo tanto, podemos tomar nuestras propias decisiones. Podemos decir sí o no. Pero luego, todos tenemos que pagar la renta. No soy tan libre como me gustaría serlo.

¿Magnum te deja elegir tus propios proyectos?
Por supuesto. “I do I do I do” es mi proyecto. Los tres libros son proyectos personales, y de hecho los comencé con el apoyo de Magnum. Por supuesto, todos intentamos buscar la forma de continuar nuestros proyectos. Entre 1993 y 1998, fui allí unas 20 veces. A veces me quedaba un par de días, a veces un par de meses. Mientras tanto, tomaba encargos de diferentes revistas. Tengo que llevar adelante diez proyectos al mismo tiempo. Si voy a Taiwán, voy a ir a la ciudad de Ho Chi Min, quedaré para ver a un par de las parejas de “Hapiness”, quizás iré a China, intentaré ir a Corea del Sur… Y luego es como “mierda, hoy tengo que pagar la renta”.

¿Cuántas mujeres están en Magnum?
Cinco, creo.

¿Por qué son tan pocas? ¿Es complicado para una mujer entrar en Magnum?
Es una cuestión de portafolios, no de géneros.

¿Entre la gente que aplica, hay la misma cantidad de hombres que de mujeres?
No lo sé. Lo primero que miramos son las fotos. Es posible que más fotógrafos que fotógrafas envíen su trabajo para entrar en Magnum, pero cada año es distinto. Recuerdo un año en que tuvimos cinco mujeres “nominees”, incluyendo una de Argentina. Cada año es diferente.

¿Es como un club de hombres?
No, no lo pondría en esos términos. Pienso que, idealmente, todo debería reducirse al trabajo. Pero siempre las personalidades se inmiscuyen. De todas maneras, si el trabajo no es lo suficientemente bueno, hombre o mujer, gay, lo que sea… miramos el trabajo antes que nada.

Eso significa que el trabajo de las mujeres no es lo suficientemente bueno…
No, no. Hemos intentado específicamente buscar fotógrafas, así como fotógrafos de diferentes orígenes, pero cada año, cuando llega el visionado de portfolios en cada oficina que Magnum tiene en el mundo, cuando se hace el visionado final de todos los miembros… todo se reduce al trabajo. Simplemente sucede que a menudo el trabajo más fuerte está hecho por fotógrafos masculinos. Hay fotógrafas muy buenas, pero…

En 7.7 hemos entrevistado a Maya Goded. Ella comenzó el proceso para pasar de “nominee” a “asociado”, pero decidió abandonarlo porque era demasiado duro. Cuéntanos por qué es tan difícil ese proceso.
Es difícil, es verdad. Hay varias etapas: de miembro “nominee”, a “asociado”, a miembro pleno… Para ser “nominee”, se necesita el 50% de los votos de los miembros, y luego, cuando estás dentro, de “nominee” a “asociado”, necesitas 2/3 de los votos, el 66,6%. Luego, para pasar a miembro pleno, necesitas el 66,6% de los votos. Normalmente, la parte más difícil es pasar de “nominee” a “asociado”. Es muy, muy difícil.

¿Por qué? ¿Es una cuestión política? ¿Tienes que convencer a cada fotógrafo?
Todo es una cuestión de “P”: fotografía (en inglés, photography), personalidad y política, por supuesto. Está en todas partes. Donde sea que haya gente, habrá política.

¿Es por eso que es tan difícil entrar a Magnum?
Pero no es solo el aspecto político de todo esto. Creo que buena parte del proceso es observar los aspectos fotográficos del trabajo. Cada vez que tenemos un fotógrafo nuevo, ese fotógrafo debe sumar algo a la agencia. No queremos otro fotógrafo que sea sólo otro fotógrafo.

Por Alejandra Cukar y Edu Ponces